domingo, 31 de julio de 2016

La saga de Bourne.

Un hombre flota inconsciente en el Mediterráneo. Le han disparado, tiene un número tatuado en una pierna - creo; no he leído la novela de Robert Ludlum- y, cuando le rescatan unos pescadores italianos, descubre que tiene unas habilidades que no casan con ninguna ocupación civil pacífica.
Durante las tres primeras películas de la saga descubre que es un agente de operaciones húmedas de la CIA, uno asesino por cuenta de sus cobardes jefes, y a veces, ni siquiera sirve lo de que lo hace para salvar vidas de estadounidenses.
James Bond se enfrenta a maníacos que quieren dominar el mundo, usa y se deshace de las mujeres, derrocha más de lo que cualquier servicio de Inteligencia de la vida real le permitiría. Es el agente secreto del sistema.
Bourne lucha contra el sistema, porque lo conoce demasiado bien. Está solo, porque sus antiguos colegas matan a las personas que se le acercan demasiado. Aspira que le dejen en paz, pero las habilidades que nunca debió aprender, los secretos que nunca debió conocer, le impiden tener una vida normal.

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