viernes, 3 de marzo de 2017

Últimos días en el desierto, de Rodrigo García.

Meterse en la cuestión de hacer cine religioso católico es buscarse líos. No solo porque tienes que volver del derecho y del revés el Nuevo Testamento, sino porque todo lo que se salga del guión preestablecido te creará problemas.
En ÚLTIMOS DÍAS EN EL DESIERTO presenciamos los 40 días que pasó Jesucristo en el desierto del Mar Muerto meditando, buscando a Dios. Allí es tentado por el Diablo, con su habitual cinismo y descreimiento. Tanto Jesús como Satanás están interpretados por el actor Ewan Mac Gregor. Jesús reza y medita esos 40 días sin que Dios diga esta boca es mía. Esta sensación es muy humana. Todos los creyentes hemos rezado en algún momento, esperando: "Ahora sí. Ahora Dios me dirá algo. Ahora Dios me curará. Ahora le encontraré". Y Dios calla.
En la película Jesús encuentra una familia de tres miembros. Un padre silencoso, una madre trabajadora y enferma y un hijo con vocación de algo pero que no se atreve a seguir los dictados de su corazón porque tiene miedo de ser desleal con su padre. Jesús camina con ellos, comparte su comida, escucha sus historias... Se convierte en un mensajero de Dios.
Porque es Dios el que nos busca desesperadamente. La historia de la fe es la búsqueda de nuestro lugar en el mundo, de nuestra trascendencia a través de la trascendencia de los demás en nuestras vidas.

PARA VER:
https://www.youtube.com/watch?v=XfBlbZa5j7E 

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