domingo, 18 de marzo de 2018

La forma del agua, de Guillermo del Toro.

En los años 50, la Hammer sacó unas películas sobre una criatura humanoide anfibia que acechaba a los campistas en la Laguna Negra. Guillermo del Toro ha rescatado la idea de esta criatura pero la ha metido en un contexto romántico, lo cual es nuevo.

Eliza Exposito es una limpiadora huérfana y muda que trabaja en un inquietante laboratorio de alta seguridad. Un día llega un misterioso tanque. Al día siguiente el que llega es Strickland, un amargado y violento jefe de seguridad, cuya máxima aspiración es el sueño americano, aunque desprecie ese mismo sueño. Quiere ser leal a su superior, el coronel Hoyt, y si una vida mejor es el premio pues bien, adelante.

Strickland pierde dos dedos y demasiada sangre sometiendo a la criatura anfibia con su juguete favorito, una porra eléctrica. Se llama a las señoras de la limpieza para que recojan el inquietante estropicio, y allí empezará la relación de Eliza con la criatura. Primero le dará un aperitivo de huevos cocidos, más tarde le pondrá música y posteriormente le organizará a la criatura una fuga, con la ayuda de Giles, su compañero de piso gay,  de Zelda, su mejor amiga e intérprete en el laboratorio, y de Hofflefter, un espía soviético con su propia agenda de planes.

Lo de la historia de amor entre la criatura y Eliza es novedoso, casi propio de una película de Nigth Shyamalan por su final sorprendente. La película no es apropiada para chicos demasiado jóvenes por una desagradable escena de Strickland teniendo sexo con su esposa, las implicaciones sexuales de la historia, y otra escena de Strickland torturando a un soviético.

Pero es un cuento romántico de monstruos bien contado, con un villano que mantiene la tensión. Lo que no me explico es por qué Hollywood ha dado tantos Oscar a una película que se mofa del sueño americano. Será porque los Strickland de turno les han hecho demasiado daño a los cineastas, y ver a un tipo que ni siquiera se cuida a sí mismo tratando de demostrar que es el puto amo del cotarro es una forma de reírse de ellos.

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