miércoles, 25 de julio de 2018

Entrevista con Toti Martínez de Lezea.

Nació en Vitoria en 1949 y trabajó como traductora de francés e inglés. En la segunda mitad de los años 80 dirigió proyectos para el departamento de Educación del Gobierno Vasco, así como programas dirigidos a niños y adolesentes para Euzkal Telebista. Comenzó a escribir novelas ambientadas en el pasado de Navarra y las provincias vascas en 1998.

Siempre que se habla de rujas vascas se habla de los Procesos de Logroño y la caza de brujas de Zugarramurdi de 1610. ¿Podría mencionar otros casos?

En 1500, en Durango (Vizcaya) se juzgó a 24 personas, quemando vivas a 10 mujeres y un hombre. Creo que tu amiga Kler Ojambarrena, la bruja wicca, asegura que en su última encarnación era una de esas chicas. Pero antes, en 1440, en el Duranguesado se quemaron a unos herejes llamados begardos, que proclamaban la comunidad de bienes y mujeres. En el Valle de Aezkoa y en el Valle de Salazar murieron varios centenares de personas, entre hombres y mujeres. Y eso que estamos hablando de una época anterior a la Inquisición, que no empieza a actuar contra los conversos judaizantes hasta 1478.

¿Por qué tanta fijación con las mujeres?

Los años finales de la Edad Media, a mediados del siglo XV, son una época de malas cosechas, guerras y una caída demográfica importante por culpa de la peste. En las zonas rurales no había médicos, así que eran las "mujeres sabias", señoras maduras con cierta experiencia, las que practicaban la medicina con hierbas y atendían los partos. Todos los problemas relacionados con los embarazos, los anticonceptivos y los abortos pasaban por sus manos.

Las autoridades necesitaban manos para labrar las tierras, y que hubiera señoras de mediana edad diciendo a las muchachas que quizá no era una buena idea quedarse embarazadas les quemaba la sangre. También los clérigos y los señores feudales deseaban acabar con los últimos focos de creencias paganas de las tierras que administraban.

También habría brujos... ¿Qué nos puedes decir de ellos?

Eran campesinos iletrados que se creían por desconocimiento lo que afirmaban. De todas formas, por cada diez mujeres que caían en manos de la Inquisición solo había uno de esos hombres. De todas maneras, los palos se los llevaban los campesinos. En el siglo XVI, en lo peor de la caza de brujas en Europa la reina de Francia María de Médicis encargaba almanaques al astrólogo Nostradamus, y reyes como Felipe II y Rodolfo II coleccionaban obras sobre magia.

En tus novelas recientes ENDA e ITTUN, construyes una hostoria fantástica en la que los personajes comparten su protagonismo con diosas y dragones en el año 580. ¿Por qué centraste estas historias en el País Vasco?

Porque conozco muy bien la rica mitología del País Vasco. La transmisión oral está plagada de gigantes (gentiles), enanos ( galtxalgorris), lamias, dragones (herensugeak), montes sagrados como Amboto, y una diosa matriarcal que ha sobrevivido al tiempo y a la aculturación cristiana. !Da mucho para imaginar! Además considero históricas estas novelas porque las gentes de 580 pensaron que esas criaturas fantásticas vivían en el mismo espacio físico que ellas.







Otro de tus libros cuenta la historia de la líder comunera María Pacheco. ¿Qué aspectos de esta historia te interesaron especialmente?

La revuelta de los comuneros es una revuelta de burgueses y comerciantes ante un emperador, Carlos  V, que nos los aprecia mucho. Se adelantó mucho a la Revolución Inglesa protagonizada por los puritanos contra el rey Carlos I de Inglaterra o la Revolución Francesa. Pero los comuneros fueron derrotados en la batalla de Villalar en 1521, y perdieron la oportunidad de modernizar las estructuras económicas anquilosadas en el tiempo de Castilla.

Muerto su marido Padilla, María Pacheco siguió adelante con la revuelta. Murió en Portugal, casi en la miseria, repudiada por sus familiares, y con su cabeza puesta a precio por la Corona de Castilla. Era impensable que una mujer de la nobleza fuera considerada una especie de líder militar o que se enfrentara a su familia y al Rey, pero eso es lo que María Pacheco hizo.

Nota: Esta entrevista ha sido adaptada.

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