viernes, 11 de junio de 2021

El crimen de Cuenca, de Pilar Miró (1979-1981).

 Creo que voy a hacer un descanso con las adaptaciones de artículos salidos del suplemento dominical XL Semanal, o por lo menos de su sitio web, y voy a dedicarme a sacar unas entradas de cine histórico, que no sé si os pone, pero  a las que os tengo acostumbrados.

En 1910 a José María Grimaldos, le dio un barrunto de lo suyos, es decir, que hizo lo primero que se le vino a la mente, sin pensar en las consecuencias. En este caso celebró la venta de unas ovejas con un baño de barro medicinal en un lago a cuatro kilómetros de su hogar familiar en el pueblo de Osa de la Vega, y ya no regresó.

La familia puso una denuncia y acusó de asesinato a León y Gregorio, dos vigilantes de una finca. Pero como no había pruebas de asesinato y sí animosidad entre las tres familias, el juez sobreseyó el caso.

En 1913 llega a Tresjuncos uno de esos jueces que creen que el mundo rural es aburrido y que hay que armar gresca para que lo saquen de allí y lo promocionen a un puesto mejor, Isasa Echenique. Y se juntó con lo peor de las élites del pueblo de Osa de la Vega y Tresjuncos, el parroco y el latifundista y diputado conservadorMartínez Contreras, que le invitaron a abrir el caso de Griamldos, alias El Cepa.

Gregorio y León fueron detenidos, obligados a comer bacalao sin desalar para que tuvieran sed durante los interrogatorios, y se les arrancaron uñas, dientes, y vello facial con unas tenazas para que confesaran el crimen no cometido.

Los acusados contaron versiones contradictorias sobre lo que los interrogadores esperaban escuchar y fueron condenados en 1918 a 18 años de cárcel en un juicio repleto de contradicciones e irregularidares.Fueron excarcelados mediante sucesivos indultos en 1924. Los defensores se habían limitado a evitar la pena de muerte, el garrote vil.

La libertad fue amarga porque los familiares habían sido marginados por los habitantes del pueblecito de Tresjuncos y Osa de la Vega y ellos no encontraban trabajos por cuenta de los latifundistas como aparceros.

En 1926 el destino da un nuevo vuelco y Grimaldos reaparece. Manda al cura de Tresjuncos una solicitud de acta bautismal para casarse. Este, que teme ser linchado por sus feligreses, esconde la carta. Con lo que no cuentan las autoridades de la comarca es que Grimaldos, alias el Cepa, recorrerá los 150 kilómetros que lo separan desda Mira a Tresjuncos y se sonrpenderá al ver que todos sus familiares le consideraban muerto. Isasa Echenique ordena detener el "impostor", pero la prensa contraria a la dictadura de Primo de Ribera y a las oligarquías de latifundistas, protestan ante el Gobierno, se airean las torturas y se juzga a los Guardias Civiles y los funcionarios policiales que las propiciaron.

Los acusados abandonaron el pueblo y aceptaron un puesto como guardias jurados en el Parque del Retiro de Madrid, lejos de la gente que los condenó.

El juez Isasa Echenique murió poco después de una ángina de pecho, aunque se sopecha que se suicidó por la repercusión que tuvo en el pueblo su papel en la condena. El padre Rufo, de Tresjuncos, fue encontrado ahogado dentro de un barril de vino en una bodega. De él sí se puede afirmar que se suicidó.

 Nota.

EL CRIMEN DE CUENCA fue la única película secuestrada por los censores por orden del ministro de Cultura, De la Cierva, al poco de ser estrenada en 1979., en plena democracia y con la censura franquista abolida en 1977.

Aún así, una Guardia Civil que todavía actuaba como una casta endogámica no le gustó ser retratada como esbirros de los señoritos rurales y torturadores, cuando la Ley de Fugas y los golpes en los interrogatorios eran habituales en las comisarías españolas hasta bien entrada la década de 1980. Quiero decir, que esos agentes de la ley y sus actuaciones eran hijas de su época.

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