domingo, 13 de julio de 2014

Gonzalo Guerrero, el conquistador amigo de los indios mayas.

Gonzalo Guerrero llegó a las costas de la supuesta isla de Cozumel - la actual península de Yucatán- en 1512. Su carabela había naufragado en unas costas que ni tan siquiera estaban cartografiadas. El grupo de 10 supervivientes, al mando del adelantado Valdivia, se adentró en aquellas tierras feraces en busca de provisiones y les salió al paso un grupo de guerreros mayas. Hubo batalla, Valdivia murió, y los escasos supervivientes fueron esclavizados.
En 1519 Cortés llega a Cozumel y sus intérpretes le hablán de dos españoles en manos de los nativos. Uno de ellos Aguilar regresa con los suyos tras el pago de un cuantioso rescate. Estará presente en la conquista de México, como interprete junto a la esclava y amante de Cortés, Mallinalli.
Guerero es harina de otro costal. Se ha abierto a la cultura maya, ha recuperado su libertad, se ha casado con una nativa, ha tenido hijos con ella... Cortés lo declara traidor. Según las Ordenanzas Reales para Nueva España, nadie pudía casarse con las nativas y tener descendencia legítima. Violarlas aducendo que no hay bastantes mujeres castellanas, sí se podía. Lo otro, no. La moral humana es fascinante.
Gonzalo enseñaría a los mayas que los españoles eran mortales, que no habían bajado del Sol. Los formó en tácticas militares que les ayudasen a superar la superioridad técnica de los hombres del adelantado Montejo.
"Guerrero les venía bien a los españoles para justificar su fracaso en las tierras de influencia de este curioso personaje andaluz. Guerrero les enseñó a los mayas a tender emboscadas eficaces y a construir parapetos. Es una pena que finalmente, un peso pesado de la Conquista de América, Alvarado, el lugarteniente de Cortés, lo matase sin saber muy bien que tenía al odiado andaluz delante. Cuando enterraron los cadáveres vieron que uno de los caciques, con sus tatuajes y escarificaciones rituales, llevaba barba", me explica el historiador Salvador Campos Jara.

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