sábado, 5 de diciembre de 2015

Irma Greese, la perra de Belsen.

El otro día estuve viendo SALÓN KITTY del director Tinto Brass. Muestra la degeneración sexual de unos decadentes oficiales nazis y de las agentes- prostitutas de la policía política que tienen que sacarles información entre un coito y el siguiente.
Irma Greese era una supervisora jefe de campos de concentración que mejor representa esas cotas de miseria moral. Irma, como muchas mujeres inscritas en el Partido Nacionalsocialista, aprovechó el hueco profesional que le deparaban ls campos de exterminio, ya que no estaba capacitada para otras labores. Había dejado los estudios a los 15 años, ya que sus únicos intereses radicaban en las actividades de la BDM, la Liga de la Juventud Femenina Alemana. Las relaciones con su familia eran escasas, y cuando la vieron pavonearse con un uniforme de las SS por el pueblo, se redujeron a cero. Antes de ser supervisora de un campo de concentración tuvo pequeños empleos en una lechería y en un hospital de campaña. El último de estos empleos fue frustrado cuando no consiguio la titulación de enfermera.
Las S.S enviaron a Irma Greese a Ravensbruck, un campo de concentración para mujeres, donde realizó labores administrativas a las órdenes de Marie Mandel. Era tan eficaz que se le recomendó para puestos más importantes en Bergen-Belsen y después a Bikernau, tras un breve regreso a Ravensbruck, en un puesto de mayor responsabilidad que el original.
Las supervivientes Gertrude Diament e Ilona Stein confirmaron en su testimonio que "Greese era la responsable de seleccionar las mujeres que serían destinadas a las cámaras de gas". Era una labor regular porque el campo estaba sobrecargado de gente y había que "limpiarlo" regularmente. Había 30.000 prisioneras alojadas en 62 barracones diseñados para acoger un máximo de 3.000.
Greese siempre estuvo acomplejada por el tamaño de sus pechos. Por eso elegía a prisioneras bien dotadas para castigarlas, no importaba el motivo, con golpes de látigo en los senos. Las heridas se infectaban y el doctor judío tenía que extirpar la mama sin anestesia. Que era lo que ella quería.
Como cada recuento podía ser la antesala para la muerte en la cámara de gas, Irma buscaba a las prisioneras que se escondían en los barracones, y las devolvía a las filas a golpes. Su castigo más recurrente era permanecer de pie o de rodillas sosteniendo una piedra pesada sobre la cabeza ante las demás ocupantes del barracón.
Irme Greese era bisexual y usaba a los prisioneros para obtener placer sexual. Quizá en otros campos como Plaszow no ocurrieran estas cosas, porque comandantes como Amon Goeth mantenían a sus hombres a raya en el terreno sexual. Pero Auswitz era un paraíso de la corrupción. Tanto es así que Oskar Schindler, además de los sobornos, rescató a las mujeres de su subcampo, enviando a una de sus guardianas a acostarse con todos los supervisores que no pudiera sobornar por otros medios.
Cuando la Greese se quedaba embarazada se sometía a un aborto que le practicaba otro prisionero, un médico húngaro.
Mataba a las prisioneras con sus perros, con su látigo de celofán trenzado y con su pistola reglamentaria. Los supervivientes que testificaron contra ella calculan 30 muertes diarias como media.
Greese fue una de las pocas mujeres enjuiciadas por crímenes contra la Humanidad, tras su detención el 15 de abril de 1945. Ela lo negó todo ante las autoridades aliadas, pero no abjuró del fascismo. De hecho, en la celda cantaba himnos de las S.S. Fue condenada a la horca y ejecutada en diciembre de 1945 en Hamelín, Alemania, por el verdugo Albert Pierrepoint, al que dirigió su última orden: "Que sea rápido". Tenía 22 años. Fue la ejecutada más joven por las leyes penales inglesas.

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