martes, 3 de mayo de 2016

El ministerio del tiempo y la vampira de El Raval.

Amelia Folch acaba de despedir a su criada Enriqueta por robar la plata. Cuando la vuelve a ver esta le confiesa que también se ha llevado su mapa- guía de las puertas del tiempo. Ha sabido algo que le aterra mucho: Enriqueta Martí se va a convertir en la mayor asesina infanticida de principios del siglo XX. Ahora la criada, con la ayuda de Amelia y su Patrulla ,tienen que evitar que el terror de su futura yo se traslade a nuevas épocas.
Pero, ¿Quién fue Enriqueta Martí?¿Es cierto todo lo que contaron los periódicos de la Barcelona de principios del pistolerismo de ella?

La verdad sobre Enriqueta Martí:

Enriqueta nació en Sant Feliu en 1868, y fue una de las típicas perdedoras que existen en todos los sistemas sociales. Mendigó, probablemente ejerció la prostitución,se casó con un histriónico marchante de arte que coqueteó con la política y el vegetetarianismo, y murió de cáncer de útero en prisión, acusada de haber matado a 10 niños para traficar con su grasa.
Estos rumores acerca de que las grasa y las vísceras infantiles curaban la tuberculosis eran una leyenda urbana en 1912, cuando los periódicos sensacionalistas montaron todo el tinglado de la Vampira de El Raval. También corría el rumor de que los maquinistas de las primeras locomotoras engrasaban las partes mecánicas de estas con unto de niño, rumor que ha difundido con total descaro el presunto especialista de lo paranormal Iker Jimenez en un libro.
Enriqueta Martí era culpable del secuestro de una niña, Teresita Guitart, a la que dió algún que otro pellizco, pero jamas se le hubiera ocurrido traficar con unto de niño, a pesar de que era un producto muy cotizado en el mercado negro.
De hecho, sufrió, como narra la serie, una depresión cuando murió su hijo de 10 meses, pero se hizo util a su cuñada registrando a su sobrino como hijo suyo para evitar el sorteo de quintas y una mas que segura muerte en Marruecos. Esto sucedió en 1905. Cuando la cuñada tuvo una hija, Angeleta, se la cedió a Enriqueta como parte de la devolución del favor.
En cuanto a las exageraciones de la prensa, estamos hablando de una época en que no se contrastan las afirmaciones. Si Hearst ha provocado la guerra de Cuba contra los Estados Unidos para vender más tirada y ha exagerado la brutalidad de los soldados "ralladitos" españoles, imagínense que pueden hacer unos plumillas con una mujer que no tiene dinero para comprar regularmente el periódico.
Enriqueta no se envenenó en la cárcel ni murió apalizada por las otras reclusas en el patio de la cárcel, porque tenían un enemigo común contra el que era inutil defenderse: la sociedad burguesa, dueña de sus vidas, y hasta de su sufrimiento. Murió, como he dicho, de cáncer de útero.

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