viernes, 6 de mayo de 2016

Santimamiñe, 18.000 años y un siglo después.

1916. Dicen que la curiosidad mató al gato. Pero lo cierto es que sin la curiosidad, y el deseo de replantearse la realidad, no habríamos quedado en las cavernas. Un grupo de niños se introdujo por ua oquedad en la ladera del monte Ereñozar. Después de recorrer 60 metros por su interior, treparon por una estrecha galeria, y allí, sin apenas iluminación del relativamente lejano exterior, vislumbrarían los caballos y los bisontes que removerían el panorama arqueológico del País Vasco.
No en vano, estas pinturas rupestres constituyen el primer conjunto encontrado en el País Vasco. Los expertos se preguntaban las razones que explicaban la ausencia de pinturas, dada la riqueza cantabra y del Pirineo. Santimamiñe fue la primera cueva excavada en el País Vasco científicamente por tres gigantes de la arqueología española: el etnógrafo y prehistoriador José Miguel Barandiarán, el anatomista Telesforo Aranzadi y el experto en ciencias naturales Miguel Eguren.

Hace 14,000 años se habían terminado las glaciaciones. La población Magdaleniense del País Vasco vivía un aumento demográfico. Por esa época, los diferentes clanes paleolíticos ocuparon las cuevas de Goikolau, Lumentxa o Atxurra. Fabricaban refugios como el que se documentó en la cavidad de Santa Catalina, donde hoy se levanta el faro de Lekeitio. Alí dejaron espinas de bacalao, costillas de ciervo, huesecillos de pingüino y búho nival. Los arqueólogos encontraron tambien restos de moluscos, percebes y erizos de mar.
El Magadaleniense es la edad del despertar artístico de arte paleolítico en la Cornisa Cantábrica. En Santimamiñe los artistas del Magadaleniense pintaron 32 bisontes, 7 antílopes, 6 caballos, un oso, un ciervo y restos incompletos de otros animales. Su antigüedad se reminta a unos 15.000 años.

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