martes, 5 de septiembre de 2017

La crisis de Agadir.

Agadir, en la costa de Marruecos, 1 de julio de 1911. La llegada de una cañonera alemana está a punto de provocar la Gran Guerra antes de tiempo.

Cuando llegó el verano de 1914 las hostilidades entre alemanes y franceses se convirtieron en agresiones militares. Había empezado la Gran Guerra, o Primera Guerra Mundial, un acontecimiento que no pilló desprevenido a ninguna potencia de la época, sino que incluso se deseaba, aunque sólo fuera por acabar con unas tensiones internacionales que se podían cortar con un cuchillo.
Para los franceses la inquina venía de la derrota ante Bismarck en Sedán, en 1870, que les costó los territorios de Alsacia y Lorena. Para los alemanes venía de su frustración de haber llegado con retraso a la carrera colonial. Para unos tipos que habían humillado en 1870 al mismísimo Napoleón III, ver que Francia, con un ejército y una Marina muy inferiores, era la propietaria de media África, era algo que quitaba el sueño.
En 1905 tuvo lugar la primera provocación por parte de los alemanes. El Kaiser Guillermo II desembarcó de su yate de placer por el Mediterráneo y declaró su apoyo a la soberanía del sultán frente a los intereses franceses en la región. Para rebajar la tensión, España y Francia se repartieron las zonas de influencia en la Conferencia de Algeciras de 1906. Era una manera de rebajar la tensión, pero no resolvía el problema, así que en 1911 estalló la crisis de Agadir.
En 1911 los súbditos de Marruecos están en guerra contra su débil sultán, y los cónsules europeos solicitan soldados para defender las vidas de los compatriotas de la región y de sus intereses comerciales y estratégicos. Alemana envía la cañonera Panther, a lo que los franceses respondes de una manera exagerada, como si Alemania hubiese invadido Francia.
Entonces surge el ángel apaciguador, el Presidente del Gobierno francés Joseph Caillaux. Es una fugura controvertida en Francia porque escribió panfletos en favor de Dreyfus, y se ha ganado el odio ncondicional de la derecha belicista con la invención del impuesto progresivo sobre la renta. Además, Caillaux no desea que estalle una guerra de ningún tipo en Europa, lo que le convierte en un compañero de cama incómodo para sus compañeros del centro y de la izquierda, como Poincaré y Clemenceau.
Como todo el mundo quiere la guerra con Alemania, puentea a su Ministro de Exteriores y negocia una solución diplomática con Alemania personalmente. Le ofrece al Káiser una parte del Congo francés, además de derechos para comerciar con las colonias francesas, y obtiene a cambia el cese del apoyo al sultán de Marruecos y el reconocimiento de la soberanía francesa sobre el territorio.
Para muchos franceses, Caillaux no es el ángel apaciguador, sino un traidor que debe ser apartado del poder de inmediato. De hecho Clemenceau lo hace procesar y lo envía a prisión durante tres años, aunque luego será liberado y rehabilitado.
En 1914, Caillaix está a punto de ser nombrado jefe de Gobierno. Sólo le hace falta ganar en las elecciones de abril de 1914. Los belicistas orquestaron una sucia campaña de injurias contra Caillaux, encabezada por Le Figaro.. Su mujer, incapaz de resistir la presión, pues su familia también ha sido cruel y gratuitamente denigrada, matará al director del periódico.
El escándalo da la excusa al belicista Poincaré para no ofrecer la Jefatura de Estado a Caillaux, pese a que ha vuelto a ganar en su distrito electoral. Los revanchistas del Elíseo ya tenían el camino despejado para la Guerra de 1914.

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